Los impulsos

“El secreto para la educación y el entrenamiento, esta en el adecuado reconocimiento y utilización de los impulsos presentes” Max von Stephanitz.

Sabias palabras del creador de la raza pastor alemán, que permanecen vigentes aun hoy en día.Un perro no piensa en la forma en que lo hacemos los humanos. La conducta del perro esta dictada por sus “impulsos”, experiencias individuales y “recuerdos” de entrenamiento, si es que lo tiene.

 

El ejemplo mas claro de la conducta dictada por los impulsos, es la conducta maternal. En el momento del parto, la hembra no tiene junto una “partera” experimentada que le ayude o que le diga que tiene que hacer para cortar el cordón umbilical o para abrir la bolsa, ni le explica que debe masajear a sus cachorros para que comiencen a respirar, o a darles de comer. Nadie la obliga tampoco a permanecer largos periodos de tiempo con ellos amamantándolos, o dándoles masaje y calor.

 

Los que hemos visto este espectáculo podemos afirmar que la perra, dada su expresión, está feliz y esta felicidad viene por la satisfacción de este impulso natural.

Todo esto es un dictado de la naturaleza que no requiere de aprendizaje o de ensayos previos para adquirir practica. Es probable que antes del parto, la perra haya comenzado a hacer agujeros en nuestro jardín preparando su cueva o madriguera para ahí tener a sus hijos, ante nuestro disgusto. El cual parece no importarle.

 

Desde luego existen buenas y malas madres. Estas últimas tienen diluido su impulso maternal y no van a poder cumplir son su papel en la preservación de la especie, a menos claro, que intervenga el hombre, y crié una camada que en el estado natural no hubiera sobrevivido.

El perro también aprende a través de la experiencia por ejemplo, a un perro que se le acerca a una abeja que esta en el piso y es picado por ella. Aprenderá que a este bicho hay que tenerle cuidado y lo aprendió de la manera difícil, como diríamos los humanos. De manera que cuando vemos a un perro alejarse de esto insectos, decimos que perro tan listo, y no se nos ocurre pensar que nadie les explico. Podemos ver a otro perro que ha sido picado varias veces, y decimos que es tonto pues no entiende que es peligroso, pero aquí entra en juego el famoso termino “dureza” del que hablamos anteriormente.

No es que uno sea mas tonto y el otro mas listo, simplemente que a uno le afecto en,mayor proporción el piquete que al otro y, por lo tanto, le cayo mas rápidamente el veinte.

 

Finalmente tenemos los recuerdos de entrenamiento. El entrenamiento puede cancelar la ocurrencia de una actitud instintiva o puede modificarla, ya sea aumentándolo o disminuyéndola. Por ejemplo, a través de un echado quieto podemos evitar que nuestro perro se ponga a jugar con los perros de su alrededor, o a imponer su dominio sobre el macho de junto. O podemos hacer que rehusé un apetitoso filete que se encuentre tirado fuera de su plato, o sea, impedimos que se manifieste ciertas conductas. Podemos también aumentarlas, por ejemplo, en el caso de un perro desconfiado, hacerlo todavía mas para que nos avise con mas rapidez de la presencia de extraños; o a ese mismo perro desconfiado, reducir esa desconfianza a través de una socialización adecuada aunque nunca la haremos desaparecer por completo, ya que esta en la naturaleza del perro en cuestión. Un perro es capaz de dos tipos básicos de aprendizaje. Puede aprender emociones, en otras palabras “modos” de impulso y reacciones involuntarias (condicionamiento clásico), y puede también aprender a llevar a cabo tareas simples (condicionamiento instrumental).

 

Condicionamiento clásico.

Esta ley de aprendizaje fue descubierta por el científico ruso Pavlov, al conducir este experimento con un perro: poco después de escuchar el sonido de una campana el perro era alimentado y, después de unas cuantas repeticiones de este ejercicio, el perro comenzaba a salivar al escuchar el sonido de la campana, y no necesariamente ate la vista e la comida.

 

El sonido de la campana, que antes no tenia significado para él, ahora provoca la segregación de saliva. Pavlov llamo a esta conducta “reflejo condicionado”.

 

Este condicionamiento clásico provoca emociones involuntarias en el animal. Por ejemplo, si al acariciar a nuestro perro (satisfacción de su impulso social y de acicalamiento) repetimos siempre la frase muy bien, esta frase mas adelante, con el solo hecho de escucharla, provocará en el una sensación de felicidad como si de hecho estuviera siendo acariciado.

Este reflejo en particular, es muy útil en el entrenamiento cuando tenemos al perro lejos de nosotros y debemos premiarlo por haber llevado a cabo en forma correcta algún ejercicio determinado.

También funciona con la forma negativa, o sea, la corrección. Si siempre que hace algo indebido usamos la palabra “NO”, aplicando un castigó y por lo tanto estimulando su conducta evasiva, el perro dejara de llevar a cabo esa acción que nos molesta. Al tenerlo a distancia y decir “No”, tendrá el efecto de provocar en él esa actitud evasiva, aunque ya no se aplique la corrección.

Aquí podemos enfrentar dos tipos comunes de problema, el primero esta en que en el perro se pueden disparar estas acciones involuntarias no solamente acompañadas del sonido de nuestra voz, sino de situaciones particulares o escenarios. Por ejemplo, al llegar al campo donde realizamos el trabajo de mordida, el perro, por este reflejo condicionado ya sabe lo que va a pasar ahí y por lo tanto llega en el “modo” para trabajo de mordida. Seguramente va a llegar ladrando y listo para la acción.

 

Esto se puede incrementar si siempre que realizamos este trabajo utilizamos un collar de cuero. Al sentirlo, el perro ya esta predispuesto para esa acción especifica aunque no este en el campo usual de entrenamiento. Lo mismo pasa cuando colocamos el arnés de rastreo: el perro sabe que va a utilizar su nariz, o cuando ponemos el collar de castigo para hacer obediencia.

 

Si el perro a tenido solo experiencias positivas en estos trabajos, estará dispuesto y gustoso de saber que los va a realizar, pero el problema esta en que puede haber tenido malas experiencias en cualquier tarea especifica, y al saber de que se trata, por este condicionamiento clásico, puede entrar en actitud evasiva y negarse a trabajar. Cuando el perro cae en esta conducta su mente se “bloquea” y pudiéramos decir que no “piensa”por el temor que siente, lo cual lo hace cometer un error tras otro, con el consiguiente castigo y un aumento en su disgusto por realizar ese trabajó ya sea obediencia, rastreo o mordida.

 

Por eso mismo, es muy aconsejable nunca enseñar un ejercicio nuevo en un ambiente similar al de un concurso, ya que todos los ejercicios nuevos lo confunden y necesita mucha concentración para asimilarlo. El ejercicio nuevo debe ser enseñado en un área aislada y no en un lugar que asemeje al del concurso. El ejercicio se debe practicar simulando las condiciones de un concurso solamente cuando el perro ya lo domina.

En este caso las correcciones serán mas leves, si es que son necesarias y probablemente con el simple “No”; pero sobre todo, el perro sabrá que es lo que más le convienen para no ser castigado y si recibir el premio que tanto le gusta.

 

Es claro, además, que al entrenar uno debe provocar el error para poder corregir, simular todas las situaciones posibles del concurso, pero con ejercicios ya perfectamente comprendidos por el animal para evitar los efectos negativos de esta ley de aprendizaje. Otro problema frecuente con el que debemos lidiar es con nuestra voz. El tono que se usa para premiar es muy importante, no tanto el que usamos para castigar pues este debe ser dicho en forma áspera o ruda.

 

No es lo mismo decirle a nuestro perro “muy bien” en tono de voz normal, a decirlo en tono de voz muy entusiasta; o darle una orden muy áspera de manera que entre en actitud evasiva y, por ejemplo, se eche en vez de sentarse por la confusión que va a tener. Pero es algo que en ocasiones no se puede evitar, a menos que se trate de una persona muy fría. Si usamos un tono de voz muy entusiasta al momento de premiar, el perro va a celebrar con mucha euforia su premio y se puede salir de control. Si eso sucede, lo que sigue es una corrección y consecuentemente la confusión del perro.

 

En los Estados Unidos, algunos entrenadores usan un artefacto llamado “clicker”, que como su nombre lo indica, su función es hacer “clic”, un sonido mecánico, carente de emoción y siempre uniforme. Si se usa siempre que se premia al perro en lugar de la voz, se vuelve también un reflejo condicionado y al escucharlo se despierta en el perro la sensación de felicidad de la que hablábamos antes.

Esto es muy parecido en su función a la “vara” de ring francés, que esta siempre presente en el trabajo de mordida. Desde sus primeras etapas, en ocasiones se frota al perro con esta, poco a poco con mas fuerza y el sonido que produce juega el papel del “clicker” o de nuestro “muy bien” y premia la conducta del perro, de manera que la vara, lejos de ser una amenaza para un perro bien entrenado, se convierte en un estimulo positivo para él debido a esta ley de aprendizaje.

 

“Condicionamiento instrumental”

Esta ley de aprendizaje fue descubierta por un psicólogo americano llamado Thorndike.

Encerró a un gato hambriento en una jaula, después lleno el plato del gato con comida y se aseguro que el gato pudiera ver y oler la comida, pero que no la pudiera alcanzar. El gato se puso muy excitado y comenzó a moverse de un lado a otro. Estaba viendo su plato y trataba de meter su cabeza a través de los barrotes, sin éxito. Trato de alcanzar la comida con sus patas, pero una vez mas en vano. Desilusionado y hambriento, clavo sus garras en la pared de la jaula, pero seguía hambriento. Se movía sin descanso en su jaula, hasta que accidentalmente movió una palanca que abrió las barras que impedían el acceso a la comida y esta quedo a su alcance. Entre mas frecuentemente se puso al gato en este problema, menos tiempo necesitaba para trabajar en el mecanismo que le abrió la puerta. Al final el gato caminaba directamente hacia la palanca y la movía con fuerza.

El condicionamiento instrumental esta sujeto a ciertas condiciones.

  1. El perro debe tener un gran deseo de obtener su premio, por ejemplo, la pelota que estimula su impulso de presa. Si no existe este deseo o apetito, no va a exhibir la conducta deseada.
  2. Para cada acción positiva que el perro realice debe haber un refuerzo, o sea, debe obtener su recompensa, en este caso la pelota.
  3. Las conductas que no son reforzadas ocurren cada vez menos y eventualmente desaparecen.

 

El perro puede aprender el “cuidar y ladrar” (el perro debe llegar al agitador inmóvil y no morder, solamente ladrar) de Schutzhund empleando la misma ley de aprendizaje. El impulso de presa del perro es estimulado (ante la sola vista del agitador, condicionamiento clásico) y obtiene la presa como refuerzo solamente después de que a ladrado.

 

Regresando a las 3 condiciones:

  1. Al estimular su “impulso de presa” siente un gran deseo de atrapar la manga, sacudirla (matar a la presa) y acarrearla para satisfacer este impulso.
  2. Después de haber ladrado, su conducta debe ser reforzada permitiéndole alcanzar la meta de este impulso.
  3. Si no se le da la manga en demasiadas ocasiones, su conducta va a desaparecer poco a poco. Digamos que no se le paga por realizar un trabajo.

 

Un ejemplo en obediencia, enseñarlo a ladrar a la orden. Se le muestra el objeto que estimula su “impulso”, digamos la pelota o la comida, pero no se lo damos. Ante la vista de este objeto “atractor” que no puede alcanzar, le vamos a producir una frustración. Al mismo tiempo le decimos ladra, y esta frustración lo va a llevar al ladrido. Al emitir el primer ladrido le damos el “objeto de sus deseos”, o sea, reforzamos su conducta y después de unas repeticiones en la misma forma, tenemos lo que queremos: aprende a ladrar a la orden para obtener lo que quiere.

 

Es necesario tomar en cuanta que ciertas conductas están sujetas a estímulos específicos y a cansancio por acciones especificas, y que pueden dejar de ocurrir cuando este cansancio aparece. Por ejemplo, si tenemos un perro marrado viendo como los demás hacen trabajo de mordida, se va a cansar de tanto estar ladrando y cuando toque su turno, no va a poder dar el 100% y asta puede que pierda totalmente el interés. Lo mismo puede que ocurrir por ejemplo con el “impulso sexual”, el macho se cansa de tanto intentar hasta que se rinde, o sus intentos ya no son tan impetuosos.

 

Sin embargo hay conductas que no están sujetas a este cansancio y son las de defensa, mismas que pueden ser activadas a voluntad. La actitud evasiva es una de estas conductas. La conducta evasiva es, por muy buenas razones, la herramienta motivacional mas usada por ejemplo en el entrenamiento de obediencia, por que puede ser siempre activada.

 

Konrad Most describe bien como entrenar al perro por compulsión: el perro sigue experimentando la compulsión hasta que muestra la conducta deseada, entonces se le refuerza con la satisfacción del “impulso” en el área funcional de la conducta evasiva (recordemos que la conducta evasiva tiene como meta final el evitar un daño al individuo).

 

Lamentablemente, de acuerdo a las leyes de aprendizaje del condicionamiento clásico, en la mayoría de los casos ya sea el manejador, la situación o el lugar se convierten en el estimulo disparador de la emoción “miedo de la compulsión”, y se hace una conexión con esto, lo cual causa un miedo crónico en el perro cada vez que se encuentra en la misma situación de entrenamiento (sin disposición para trabajar). A pesar de ello, creo que es imposible enseñarle un ejercicio en forma confiable, si, en algún punto del entrenamiento, la conducta evasiva no es usada como refuerzo, o sea, el entrenamiento completo no es posible sin el uso de la compulsión. El entrenador hábil, sin embargo, sabe muy bien como administrar la compulsión en las dosis correctas y en la dirección adecuada.

 

En mi opinión ningún perro debería ser entrenado solamente a través de la satisfacción de “impulsos” que estas sujetos a estímulos específicos y al cansancio. Digamos en forma de juego, pues el perro que es entrenado solamente a través de esto, en alguna ocasión puede actuar como si nunca hubiera aprendido nada y no llevar a cabo los ejercicios que se le piden. Simplemente puede no encontrarse en ese momento en el “modo” adecuado para querer satisfacer un impulso en particular.

Por ejemplo, se le da la orden de sentado y el perro simplemente se nos queda viendo sin hacer nada después de que hemos pasado ya algunas semanas de estar trabajando este ejercicio y de estar completamente seguros de que ya fue aprendido por que todavía el día anterior lo hacia perfectamente.

 

¿Qué paso aquí? El perro ejecutaba el ejercicio cuando estaba en el “modo” o de humor para hacerlo, pero en ese momento el perro no estaba de humor y simplemente no lo hizo. El peligro principal esta en que nosotros pensemos que estamos justificados para aplicar una corrección fuerte debido a que el perro (según nosotros) ya lo sabia, lo cual va a ocasionar una confusión tremenda en el animal. Por lo que es mas recomendable enseñar al perro a través de compulsión y premio, un premio que no estimule demasiado algún impulso especificó, pues esto lo hará estar “sobrado” y por lo tanto necesitara correcciones mas enérgicas (la motivación aumenta la dureza del perro y lo hace en cierta manera insensible y requiere de mas fuerza).

Para evitar esto debemos recurrir a las caricias. Estas también son importantes para el perro, ya que satisfacen su “impulso social y de acicalamiento” pero no los “aloca” tanto como, por ejemplo, el jugar con la pelota. Desde luego, tipos de caricias: las “tranquilizadoras” y, las llamadas de alguna forma “aceleradoras”, todas ellas basadas en conductas naturales del perro, pero de estas hablaremos mas adelante.

 

Por otro lado, el perro al vivir en casa con nosotros esta acostumbrado a recibir con frecuencia estas caricias y digamos que esta acostumbrado a ellas. Una vez que los ejercicios están verdaderamente aprendidos, entonces subiremos el entusiasmo del perro al a ejecutarlos con la satisfacción de un impulso mas atractivo para él, el impulso de presa por ejemplo ya sea en su componente de persecución (pelota) o de atrapar (morder un trapo), etc.

 

Autor:
L.A.E Daniel Arjona

Revista Perros Pura Sangre

Febrero del 1999.   

 

Gracias a Jorge Navarrete por enviar esta información de ediciones que no se pueden conseguir actualmente.